“Se les ah conocido como almas en desgracia o almas desamparadas. Almas o espíritus de personas que no descansan en paz y que rondan en el lecho de su muerte. Hay personas que cuentan que de hecho, algunas solo buscan venganza por las personas a quienes les hicieron daño. Mientras que a otros… hay almas perdidas, que solamente buscan hacerle el mal a los demás; pero ojo, porque a veces esto se lo pueden estar buscando los vivos al interrumpir su lugar de muerte o más bien dicho, su hogar”
Comencemos nuestra historia, retrocediendo unos 150 años.
El día daba su final con un atardecer para darle comienzo a un nuevo anochecer. Los habitantes de aquel pobre pueblo, se despedían alegres para irse después a sus viviendas. Aquel lugar se encontraba alejado de las ciudades más grandes. Y oculto entre el pie de una colina y las profundidades de los arboles.
Un pueblo demasiado tranquilo diría cualquiera… cualquiera que no habitara en aquellos rumbos. Ya que cada noche, en una casa alejada de las demás, y situada en un peñasco de la colina, se escuchaban gritos. Gritos desgarradores de un niño pidiendo ayuda.
Cada noche, acompañado por los gritos, se escuchaban golpes. Golpes secos y rápidos, como el de un látigo o cinturón que se movían rápidamente hasta chocar con algún un tipo de cuerpo, para que luego siguiera un alarido de dolor o un grito de suplica y ayuda, junto con llantos que acompañaban todo aquello. Llantos de un niño que sufría en aquel lugar. Pero, desgraciadamente, no solamente en las noches. Cada mañana solo se veía a un sujeto salir de la casa, oculto tras una capucha negra, y tras un rato; se empezaban a escuchar rasguños desesperados y continuos, junto con los sollozos que parecía que nunca tenían fin, provenientes de alguna parte de la casa.
Ninguna persona hasta el momento se había animado a subir hasta la casa para buscar a aquel pequeño que suplicaba cada noche por ayuda. Tenían miedo… miedo de lo que aquella persona les pudiera hacer. El sujeto que salía de allí y que volvía solo a maltratar a aquel indefenso ser, nunca había bajado hasta el pueblo. Nadie sabía a dónde se iba cada mañana, pero aun así el miedo por saber lo que les podía pasar solo al entrar en aquella casa, les aterraba a todos.
Con forme los días pasaron, los sollozos del niño se convertía en un canto. Un canto de tristeza y horror; muchas personas se entristecían por eso, ya sabían lo que aquello significaba, era una señal de que el niño se rendía, ya que desde entonces era rara la vez en que se escuchaban sus suplicas de ayuda.
Así paso el tiempo, hasta que un día. Nadie podía creerlo. La noticia había aterrado y entristecido al pueblo entero. Se habían encontrado el cadáver de un erizo gris, a un costado de la casa. En el último ventanal de la casa, que abarcaba toda la pared con una vista hacia el exterior; se encontraba roto. Muchos supusieron que el padre se había matado por alguna culpa de remordimiento, ya que el niño que vivía con él no estaba, había desaparecido. Supusieron algunos que lo había matado y enterrado, para después quitarse la vida. Otros creyeron que el niño había escapado y por coraje se había matado. Pero al final fueron suposiciones de la gente que se lamentaba por el pequeño ser que nunca se encontró.
Se había investigado la casa, para buscar alguna pista del niño y de aquel erizo gris que había estado conviviendo con el niño hasta su final. Pero no apareció nada. La casa se encontraba totalmente vacía. Era como si las fotos hubieran desaparecido junto con alguna documentación; solo se encontraban los portarretratos y hojas en los estantes pero nada que pudiera decirles algo.
El caso se dejo abierto, pero nunca se resolvió. El cuerpo del erizo había sido quemado, mientras que el del niño se había dado como desaparecido.
Pasaron los años, las décadas, los siglos. La historia se había contado de generación en generación, pasando de voz en voz. Se fue distorsionando a medida de cada narración, pero aun así se conservaba los sentimientos de angustia, miedo, tristeza y probablemente miedo que sacaba aquella trágica historia. Ya que; la casa todavía se encontraba en aquel mismo lugar, pero ahora, cada noche, según se cuenta desde el accidente. Se alcanzaban a escuchar los sollozos del niño, junto con la canción de pena que cantaba unos días antes de su muerte. En los vientos que recorrían aquel lugar, viajaban llevando aquellos ruidos y melodía hacia los oídos de los habitantes, llenándolos de pavor al solo sentir la sensación del viento pasar.
Con el tiempo, la casa había. El dueño, que era un erizo basto de dinero. La había comprado para hacerla su casa de campo. No creía en nada de lo que la gente decía de esa casona, pensaba que solamente eran puras mentiras que contaba la gente de los pueblos bajos. Desgraciadamente eso, fue lo que lo mando a su tumba.
Tres días después de que aquella persona hubiera comprado la casa. En su última ida para darle su ultima revisada, había olvidado su cartera y había que tenido que regresar por ella. Para su suerte, se había dado cuenta hasta el anochecer. Sin ningún miedo por los rumores, partió para allá. Anterior mente, sus sirvientes que conocían la antigua leyenda de esa casa le advirtieron de lo que le podía ocurrir a tales horas, pero aun con todo eso, tomo camino.
-son solo rumores. Cuento que la gente inventa solo para que las personas no se aproximen-
Pensaba el erizo, que se decía para sí mismo para demostrarse en sí que todo lo demás era solo una patraña. Estaciono el carro frente a la casa y bajo de este. Tenía las llaves de la puesta, que la policía le había brindado al momento de comprar el terreno. Se extraño un poco al ver que la puerta se encontraba entreabierta. Retiro las llaves de la cerradura, que ni siquiera había podido introducirlas cuando esta se empezaba a abrir lentamente.
Una ventisca helada salió de la vivienda, poniéndole los pelos de punta al erizo. Sin ni siquiera haber entrado, dio una vista a la sala, asegurándose de que no se encontraba nadie. Dio un suspiro, como demostrando que efectivamente no podía haber nadie en aquella casa o… tratando de controlar los nervios que lo estaban invadiendo en aquel momento.
Iba a dar un paso para entrar, pero se estremeció al escuchar un ruido atrás de sí. Volteo rápidamente topándose con unos ojos amarillos que lo observaban. Nuevamente suspiro al ver que solo era un búho el que allí se encontraba. Entro a la casa y volvió a verificar que no se encontraba nadie. Se dirigió a la sala, donde creía que se podía encontrar la billetera, sin darse cuenta que la puerta se cerraba tras de sí.
Se aproximo a la mesita del comedor, tomando la piel de cuero con la cual estaba hecha su billetera. La guardo en su bolsillo, pero en eso instante… se volteo rápidamente, tenía los ojos desorbitados y sobresaltados. Había sentido una respiración en su nuca y eso no era todo, le había parecido ver una mano que pasaba por uno de sus costados.
Necesitaba salir de allí y rápido, lo más pronto que pudiera. Corrió hacia la puerta de entrada. Tomo la parilla, la giro, pero… un muro fue lo que se encontró al abrirla. Se quedo paralizado. Creía que solo se lo estaba imaginando, que era un producto de su imaginación. Acerco las manos a esta y la tentó lentamente, pasando sus yemas por el muro de granito solido. Las manos le temblaban. No podía creer nada de aquello. Volteo rápidamente a otro lado, viendo algunas ventanas al fondo del otro pasillo. Corrió hacia ellas. Pero antes de llegar… se cerraron. Intento abrirla pero todo era en vano.
-No puedes escapar. No puedes salir. No puedes huir y no tienes el derecho de vivir- Una voz aguda y quebrada resonaba en toda la casa. Era difícil decir de qué parte provenía.
Sentía las gotas de sudor recorrerle la frente. Temía miedo de voltearse. Otra ráfaga de aire frio le recorrió la espalda. Unos pasos se escuchaban que se aproximaban a él. Sentía como un cuerpo se recargaba en él. Su respiración se hizo más profunda y continua. Las manos se aproximaron a su pecho. Se volteo rápidamente y…
En las afueras de la casa. Un grito acompañaba al viento, hasta hacerse nulo.
A la mañana siguiente un reportaje apareció en el periódico. Otra persona aparecía muerta en la casona. La persona se distinguía como una de las personas más reconocidas por el pueblo, por ser uno de los dueños de varias empresas del lugar. La noticia callo pesada para la familia, sobre todo para la esposa que había llorado amargamente en el entierro de su funeral. El hijo solamente se había hecho más reservado y temeroso ante lo desconocido.
Así pasaron los años. La familia lo había superado poco a poco. Mientras que la casa; se le había colocado letreros de seguridad para que nadie pudiera volver a entrar a esta.
El hijo había crecido, dejando el recuerdo de su padre atrás. La madre después de un tiempo murió, dejándole por herencia todas las propiedades de la familia. Se había casado y había tenido un pequeño erizo. Al cual lo nombro como: Shadow.
Cuando lo vio por primera vez, un mal recuerdo le había invadido la mente. Su abuelo, Mephiles, había sido la primera persona en morir en aquella casa. Nunca se supo la razón de su muerte, solo se había rumoreado que se había matado por la tristeza de haber perdido a su hijo y a su esposa, pero nunca se encontraron los cuerpos de ellos. Su abuelo e hijo se parecían bastante en el físico y al verlo le recordaba las muertes y tragedias que habían sucedido en aquel lugar.
Mantuvo en secreto el lugar de la vivienda a su hijo. No quería que por nada del mundo se aproximara a aquel lugar al que tanto le temía.
Ahora se encontraba frente a una mesa de trabajo. Abría sobre tras sobre, mirando la cantidad de dinero que su padre le había heredado, las empresas y algunos edificios. Se encontraba solo en aquella inmensa casa. Hacia menos de un mes que su padre había muerto a causa de una enfermedad y a su madre la había perdido hacia un par de años atrás.
Recordaba la muerte de su padre. Se encontraba en la casa, recostado en la cama. Sujetaba su mano con firmeza. Este solamente le daba una simple sonrisa, ya que sabía que no había salvación para él. Un doctor monitoreaba el pulso. Sus lágrimas salían sin poder detenerlas.
-hijo… hay algo de la familia que se ah tenido en secreto…de la cual yo nunca te quise involucrar-la tos hacia que hablara entre cortado-pero solo prométeme que… nunca, iras a la casa de tu bisabuelo…-
No entendía lo que le quería decir con eso. Aun así se lo prometió. En eso se escucho un ligero *bii* en la habitación. Había llegado su momento.
Salió de sus recuerdos. Volviéndose a concentrar en el correo, documentos y archivos que ahora tenía en frente. Las últimas palabras de su padre no tenían ningún sentido. Hasta el momento…
Se sentía solo en aquella mansión. No se había casado y no tenía pareja. Subió al cuarto de su padre, al cual no había entrado desde su muerte. Dudo un poco al abrir la puerta, pero entro. Se sentó en la cama, con la mirada en el suelo. Volteo a ver la mesita de noche, mirando atentamente la foto que se encontraba allí. La sujeto con cuidado, mirándola con ternura y dando una leve sonrisa: eran ellos, su madre, él y su padre hacia un par de años, cuando el solo tenía 6 años.
Algunas lágrimas caían sobre el crista. Intento limpiarlas con el puño de su muñeca, pero solo hizo que el cuadro callera al suelo. Se destanteo un poco por el ruido del cristal quebrándose. Se agacho para recoger con cuidado los trozos de cristal, pero en eso…
Saco una caja que había debajo de la cama. La miro un instante, antes de tirar los cristales de la mano y abrirla. Dentro había un montón de documentos y una foto de una casa. Se paro del suelo para volverse a sentar nuevamente en la cama. Saco con cuidado los documentos, viéndolos detenidamente.
No se explicaba porque su padre podía tener recortes de leyendas urbanas o más bien dicho, leyenda. Ya que todo había sido referente a la misma casa. Se sorprendió al encontrar cierta noticia; familiar a las otras, pero esta era diferente, era la muerte de su abuelo.
Leyó con cuidado el artículo.
“se presencia otra muerte en la casona del pueblo… otra trágica víctima del espíritu que habita en la casa…”
No había sido el único artículo referente a alguna muerte sucedida en aquella casa. En eso se pregunto… ¿sería acaso esta la casa de la cual me había advertido mi padre? Y si ese era el asunto ¿por qué? ¿Que tenia aquella casa para que ahora se crea que esta embrujada?... no lo sabía, pero tenía que descubrirlo de algún modo u otro.
Se encontraba dentro de una casa que no conocía. En eso escucho un llanto proveniente de arriba. La escena cambio, ahora se encontraba en otra habitación. En esta se encontraba un sujeto cubierto por una túnica negra, pero que creía reconocer y a lo lejos un pequeño erizo que se encontraba en posición fetal, sujetando con fuerza sus rodillas. Temblaba, no tenía nada de ropa. Se dio cuenta que sangraba por medio de su entrepierna. El sujeto solo le gritaba.
- No puedes escapar. No puedes salir. No puedes huir. Para que no intentes nada de tus estupideces-
Se escuchaban los llantos del pequeño. El sujeto se volteo. Se asusto un poco, pensaba que lo vería, solo paso de largo, saliendo de la habitación. Se sorprendió al ver que aquel sujeto se parecía a él, pero el color de betas cambiaba. Volteo a ver al niño que lloraba. Se aproximo lentamente a él, quedando detrás. De repente vio como el niño dejaba de temblar, quedándose totalmente inmóvil.
-tu… tu me hiciste esto… me quitaste mi dignidad… a mi madre…tu…-en eso el lugar quedo en un inmenso silencio. Vio como el niño se daba la vuelta lentamente-tu-volvió a pronunciar antes de dar la media vuelta completa-…maldito…-
Unos ojos rojos como la sangre saltaron hacia él. Se sobresalto. Una risa macabra se escuchaba por el lugar. No supo cómo, pero ahora se encontraba en el aire, debajo de él se encontraba un lago. Volteo hacia arriba, viendo la cara de un erizo con ojos rojos. Sonreía. Sus dientes sobresalían de sus encías. Su cara y espalda, junto con algunas partes de su cuerpo se encontraban cubierta de sangra. En eso escucho como pronunciaba…
-mi venganza será completaba… hasta que el ultimo caía…-
Después de esto se escucharon algunas risas al momento en que lo soltaba. Veía que su muerte se aproximaba. Gritaba a todo pulmón. Escuchaba las risas y en eso…
Se encontraba en su cama. Se había dormido frente al monitor. Su respiración se encontraba agitada y su cara cubierta de sudor. Se llevo la mano al pecho, sentía como si su corazón fuera a explotar. Volteo a ver al monitor, viendo en la pantalla una foto antigua de aquella casa.
Al parecer se encontraba en las lejanías de la ciudad, junto a un pueblo que ahora se encontraba abandonado. Se le quedo contemplando a la imagen un momento, antes de alejarse del monitor para dirigirse a la cocina a tomar un vaso de agua.
Se recargo en el lavamanos, dando leves tragos de agua. Se encontraba en sus pensamientos. No entendía que tenía que ver ese sueño con todo aquello y tampoco quien era aquel sujeto que tenia la capucha negra. Tenía que hacer algo para descubrir lo que ocurrió realmente en aquel lugar.
Pasaron unos días y el sueño era el mismo. Seguía sin entender nada. Había estado investigando sobre aquello, pero… seguía sin entenderlo.
Había varias historias acerca del asunto. Todas diferentes y ninguna relacionada con la otra. Solo había algo que tenía en claro. Anteriormente había estado habitada por un erizo y su hijo. No se sabe la razón exacta, pero al parecer el erizo mayor se había matado, lanzándose de lo más alto de la mansión. Se decía que lo había hecho por sentir culpa de la desaparición o muerte de su hijo. Pero lo más extraño era que, no existía ni la mas mínima información del hijo.
Había investigado en libros antiguos y rumores de la gente y lo único que había descubierto acerca del hijo era que, cada noche, cantaba cierta canción pero hasta el momento nadie había entendido la letra de aquella melodía.
Estaba decidido a ir a buscar alguna información al lugar de los hechos. Tenía miedo de ir, pero ya no soportaba más aquellas pesadillas que lo atormentaban cada noche. Cada vez eran más realistas, y tenía dificultades para poder despertarse, como si el sueño lo atrapara para ya no despertarlo jamás.
La última noche que durmió en su casa. Había escuchado la voz de un niño cantar. No entendía lo que decía la letra, pero poco a poco la canción se fue aclarando hasta escucharla. Pero antes de poder escucharla…
Se despertó de la nada. Había sentido que aquella melodía se encontraba dentro de la casa, como si alguien la estuviera cantando allí. Una extraña sensación le recorría todo el cuerpo. Tenía frio. Volteo a la ventada de su habitación y vio que se encontraba abierta. Eran las 5 de la mañana. Se paro y se aproximo a cerrarla, había estado seguro que la había cerrado anoche.
Habían pasado unas horas desde que había despertado. Ahora se encontraba en la cocina comiendo antes de marcharse. Aquella melodía estaba en su cabeza. No había entendido, pero… como que sabía lo que quería decir aquella canción. Aun así aquello le causaba algo de miedo y pena, no sabía lo que le había pasado a ese niño, pero algo de su ser le daba una idea de todo lo que pudo haber sufrido.
Para antes de las 12am ya se encontraba rumbo al pueblo.
Manejaba nervioso. Varias imágenes pasaban por su mente. Toda la información que había recolectado y nada que le pudiera dar alguna explicación sobre lo que había sucedido realmente en aquella casa. Solo tenía en claro que aquella casa, había sido habitada por un erizo y su hijo. En eso recordó. La casa era de su bisabuelo, eso significaba que… ¿aquel erizo que vi en mis sueños, el que estaba maltratando a aquel pequeño… era mi bisabuelo? No tenia prueba alguna. Su padre la había dicho que aquella casa había sido de su abuelo, pero… él nunca le había platicado de él hasta poco antes de morir. Le había prometido que se alejaría de aquella casa pero… había algo que le decía que fuera, algo que le hablaba de ese lugar. Además de eso… las pesadillas, los gritos que escuchaba, las sombras que veía, todo eso ya eran demasiado para poder ignorarlas.
Todo eso le rondaba la cabeza. Más de una pregunta surgía y, a ninguna le podía dar alguna respuesta lógica. Aun así, si aquel sujeto que había visto fuese o no su pariente… ¿porque estaba maltratando a aquel niño?; y si fuera su hijo como decía la mayoría, eso significaría que… ¿entonces ese pequeño había sido su abuelo alguna vez?.
Eso lo hizo pensar en la noticia que había leído al principio de todo aquel caso. A su abuelo lo habían encontrado muerto en el interior de aquella casa, y lo que hacía más extraño aquel caso era que… no tenía ninguna herida, fractura o daño en su cuerpo; ningún doctor se pudo explicar la razón de muerte. Y no había sido el único, muertes anteriores a estas habían sido similares; cuerpos sin daño físico alguno.
Tan metido estaba su mente en todo aquel asunto que no se dio cuenta que ya había llegado al inicio del pueblo. Freno rápidamente el carro, haciendo que este derrapara por el pavimento de tierra.
La entrada se componía de 2 troncos grandes que formaban un tipo de arco en su parte superior. Acompañados de estos se encontraban otros troncos más pequeños que dividían al pueblo del bosque.
Bajo del carro, viendo con asombro la altitud del arco. Paso bajo el umbral, entrando por fin a aquel pueblo que no conocía. Se encontró con varias casas chicas, de las de más antes con 1 o 2 pisos máximos. La mayoría de estas tenía las ventanas rotas y las partes de madera podridas. Las puertas se encontraban abiertas, algunas viviendas ni siquiera tenían, se encontraban en el mismo mal estado que el marco de las ventadas: podridas o rotas. Pocas casas todavía se encontraban en estables condiciones, seguramente porque había gente que todavía visitaba aquellos rumbos.
Algo lo hizo detenerse de golpe. El viento. No había nadie allí, o al menos alguien cerca de él, pero escuchaba una ligera voz, como unos susurros de una persona que le hablaba. Elevo la mirada, viendo a lo lejos aquella casa. Se le quedo contemplando un momento, sentía como si su subconsciente lo abandonara por unos instantes. Aquella casa que se veía a lo lejos, en la cima del pueblo. Esa misma que parecía como si le estuviera hablando desde su interior. Escuchaba gritos, golpes, sollozos… no sabía si en verdad se encontraban allí o todo era parte de su mente. Pero en eso…
Abrió los ojos como platos al sentir una mano que se posaba sobre su hombro. Se volteo rápidamente. Sobresaltado miro con determinación a aquella persona que ahora tenía enfrente de él y que lo miraba con algo de miedo por su reacción. Se calmo al solo ver que era un simple erizo cobalto. Se quedo un momento callado, viendo de arriba abajo al erizo que se presentaba con sonrisa serena al ver que se había relajado. No había mucho que deducir de él. Un erizo color cobalto con unos ojos esmeralda. Se sintió por un momento hechizado por ellos, pero pudo volver a la realidad. Se disculpo por su reacción de antes a lo cual fue respondido con una sonrisa.
-no se preocupe por eso. También fue mi culpa por llegarle de ese modo. Pero es que lo vi muy distraído e intentaba llamarle su atención ya que no me hacía caso. Y dígame señor…-al momento en que le extendía con amabilidad su mano.
-Shadow. Shadow the hedgehog-tomando su mano para saludarlo.
-mucho gusto Shadow, yo me llamo Sonic. Sonic the hedgehog-soltando su mano-y dígame… ¿por qué estabas tan distraído mirando aquella casona?-
Dio unos pasos hacia el frente, quedando a un costado del azabache y, sin soltar la sonrisa, miraba la casa a lo lejos.
Se le quedo un momento viendo. Extrañado por su comportamiento. Se volvió hacia la casa nuevamente y empezó a responderle, mirándola con determinación.
-no sé porque pero… hubo algo en ella, como que…sentí como que me hablaba… como si…-
-¿escuchara algún ruido como gritos o… un canto quizás?-
Se volvió rápidamente a verlo. Su acompañante seguía viendo contento la casa. Estaba sorprendido.
-pero como es que, usted, bueno que…-
-¿lo adivinara?-se volvió hacia él. Viéndolo con suma naturalidad, como si aquello no le sorprendiera en nada.
Solamente asintió, teniendo todavía los ojos abiertos de la impresión.
Soltó algunas risitas antes de continuar.
-no se preocupe. Es normal que en este pueblo sucedan ese tipo de cosas, de escuchar algunos ruidos extraños. Y más por aquella casa-al momento en que la volvía a mirar. Su sonrisa desapareció para luego comentar-supongo que usted no estará al tanto de lo que sucedió en este lugar y de los rumores y leyendas que se cuentas desde entonces. Si no, no estaría por estos rumbos-bajo la mirada, encontrándose con la cara del visitante.
Se quedo callado un momento, se le hacía rara la naturalidad con la que hablaba aquel sujeto.
Tartamudeo un poco antes de contestar.
-sí, bueno, es que… de hecho esa es la razón por la cual eh venido aquí. Hace poco descubrí que la casona es de mi familia y-se quedo un momento callado. Pensaba en si sería buena idea comentar la verdadera razón por la cual había ido a aquel lugar a una persona que apenas acababa de conocer. No parecía representarle ningún peligro. Pero aun así no lo haría. No podía comentárselo a cualquiera. Lo tomarían como loco-y bueno…cuando estaba investigando de ella descubrí los mitos que dice la gente, así que… así que vine solo a ver si se encontraba en buenas condiciones para poder venderla en un futuro, ya que la casa no creo que sea utilizada. Y, si es mentira sobre los relatos contados, pues… sería más fácil poder venderla-soltando algunas risas nerviosas.
Dio media sonrisa ante el comentario del forastero.
-ya veo-volteo a ver la posición del sol que ya oscurecía para luego volverse- En tal caso puede que mejor la valla a ver mañana. Aunque le aconsejo que no vaya a verla y mucho menos a entrar-
-¿uh? ¿Por qué lo dice?-preguntaba, aunque tenía una idea de la respuesta.
-las leyendas que se cuentan no solo son simples leyendas. Y usted ya presencio una-
Sabía que se refería al canto de hace un rato. Y antes de poder contestarle, vio como este se daba media vuelta y le decía, al momento en que le hacia un movimiento con la mano en señal de que lo siguiera.
-será mejor que entremos. Venga, lo invito a mi casa. Ya si usted en la mañana quiere ir a verla, lo llevare hasta el lugar-caminando tranquilamente por los terrenos de pueblo.
Parecía como si no le importara lo que respondiera ante su invitación ya que ni siquiera lo había volteado a ver. Pero al parecer sabía que aceptaría al final de cuentas. Se coloco a un lado suyo, siguiéndolo en la caminata. Su mirada parecía perdida. Se extrañaba un poco por la actitud del cobalto. Miro alrededor, haciéndose la pregunta del principio
-Y… Porque esta tan abandonado del pueblo?-pregunto al fin.
Seguía con la mirada enfrente sin detener su paso, al momento en que contestaba.
-anteriormente el pueblo se encontraba totalmente habitado. Había familias de hasta 6, 7 personas por la falta de cupo que había. Pero… todo eso cambio cuando los rumores de la casa empezaron a atormentar-una sonrisa volvió a aparecer en él-muchos creyeron que estando en esta parte del pueblo no les sucedería nada. Porque solamente se creía que todo sucedía si estabas cerca de la casa, pero; se equivocaron. Cada noche el viento soplaba ruidos de un niño gritando y llorando, todos provenientes de la casa. Luego se escuchaba una simple melodía que nadie ha podido escuchar y los que la han escuchado no han vivido para contarla; para luego…-se quedo callo un momento. No pregunto mas, sabía lo que quería decir con eso-las pocas personas que todavía habitan aquí, solo vienen por pertenencias y se van antes del anochecer. Aunque algunas… todavía habitan este lugar-termino por decir.
Había algo que lo tenía extrañado; no solo por el hecho de saber que había personas que todavía habitaban allí, si no porque; la manera en que narraba todo aquello. Toda esa tranquilidad con la que narraba todo sin torcer un poco su gesto o sin que tartamudeara. Además por otra parte: seguía sonriendo. No pregunto nada más durante todo el trayecto hacia la casa del cobalto.
Llegaron al fin a su destino. La casa no se diferenciaba de las otras, solo con una única diferencia que el notaba: era la única que parecía habitada. O al menos, eso creía.
Entro primero que el cobalto, quien le brindaba el pase amablemente. Era rustica la fachada. Había varias zonas donde se notaba el polvo y algunas telarañas en las esquinas del techo.
-lamento el desorden pero no estoy acostumbrado a recibir visitas muy a menudo-comento al ver como mirada con atención todos los rincones.
Salió de su realidad, volteándolo a ver apenado.
-no, no, está bien. Yo también tengo mi casa de la misma manera-abrió los ojos ante el comentario. Se fijo como el dueño lo miraba con estupefacción-no me refiero a que su vivienda este desordenada es que yo…emm…-no sabía cómo borrar su antiguo comentario. Bajo la mirada algo apenado por ello.
Sintió como una mano se colocaba en su barbilla y le levantaba la mirada. Topándose con unos ojos esmeralda, que lo miraba sorprendido. Un pequeño rubor salió de él.
-acaso tu…¿vives solo?-
Se le quedo un momento viendo. Bajando la mirada con algo de tristeza.
-oh lo lamento no quise…-
-no, está bien, es solo que…-trago un poco de saliva antes de responder-perdí a mi madre cuando era niño y hace poco perdí a mi padre-sintió como algunas lagrimas empezaron a brotar.
Abrió los ojos de la impresión al sentir como el cobalto se apegaba a él, rodeándolo con los brazos. Hacía tiempo que no recibía un abrazo. Lo correspondió.
-sabes… yo también perdí a mis padres cuando era pequeño-
-lo lamento-Al momento se separaba un poco de él.
Cerró los ojos conforme el cobalto pasaba sus manos para limpiarle las lágrimas. Dándole una sonrisa.
-quieres comer algo antes de dormir-pregunto. Tratando de animar al azabache. Que asintió ante la petición.
Tomo lugar en una antigua mesa de madera, que todavía conservaba algunos detallados de su fabricación. En el centro de la mesa se encontraba una foto. La tomo suavemente del marco, contemplando la imagen. Dio una sonrisa, aquella foto le traía varios recuerdos: una eriza morada abrazada a un erizo azul-parecido a Sonic con la excepción de que este era adulto y tenía un flequillo-y en medio de ellos un pequeño erizo cobalto, de unos 6 años tal vez. En aquel momento entraba Sonic a la estancia con una bandeja que tenia 2 platos de comida arriba. Dejándola en medio de la mesa y dejando un plato enfrente de Shadow.
-gracias. Sonic… si no es mucha la pregunta ¿Cómo perdiste a tus padres?-dejando la foto con la misma amabilidad con la que la tomo.
Se aproximo su plato, sentándose en el otro extremo de la mesa. Dio un sorbo antes de contestar.
-lo lamento no quería entro…-
-murieron muy jóvenes… Cuando yo solo tenía 6 años de edad-lo interrumpió, sin soltar su mirada del plato. Dado un suspiro y continuo-a mi padre lo encontraron muerto en las afueras del pueblo. Me acuerdo que nos había dicho que solo iba por víveres a la ciudad, pero… seguramente alguien lo siguió porque cuando lo encontraron apenas había llegado a la ruta principal. Solo esperaba que estuviera solo para atacarlo. Un año después, cuando apenas acababa de cumplir tan solo 6 años de edad, mi madre… la mataron al igual que a mi padre. Nunca encontraron al asesino. Por miedo de que me pudieran hacer algún daño mi tío, hermano de mi padre, me llevo con él a la ciudad. Años después mi tío murió y yo regrese aquí-se quedo un momento callado. Hablaba entre cortado pero con normalidad, como si estuviera conteniendo las ganas de gritar-al parecer nunca pude abandonar este sitio. Aunque hasta hoy día le sigo guardando rencor a cualquiera que haya sido el asesino… el no solo asesinó a mi familia, si no a mi infancia-se levanto de la mesa recogiendo su plato.
-Sonic…-no creía que aquella persona que había mostrado una sonrisa a lo largo de las horas pudiera haber tenido una vida tan difícil y que guardara un coraje de tal magnitud.
Elevo la mirada. Dando media sonrisa que parecía forzada, aunque en su mirada se notaba… no estaba seguro si denotar algún enojo o tristeza, su mirada parecía perdida ante lo antes dicho.
-cuando termines de comer puedes irte a descansar en la habitación. Se encuentra en el segundo piso, subiendo las escaleras es la primera puerta que se encuentra a la izquierda del pasillo. No te puedes perder. Yo estaré en la habitación de alado, por si necesitas algo. Que descanses-se empezó a retirar, del salón, pero en eso se detuvo en seco y sin voltearlo a ver pronuncio-si fuera tú pensaría mejor en ir a visitar la mansión-luego se retiro.
Volteo a ver el plato de sopa. Mirando su reflejo en el aceitado caldo.
<<creo que no debí de haberle preguntado-pensaba-tener que recordar esos momentos de pérdida es algo difícil y más si perdiste a tus seres más cercanos de pequeño>>-termino de comer, dejando el plato en el lavabo y se subió. Dio rápidamente con la habitación. Antes de entrar vio la habitación que se encontraba a un lado. Quería ver como estaba. Se aproximo a la puerta. Acerco su puño a la puerta para tocar pero se detuvo…pego la oreja a la puerta escuchando unos leves sollozos provenientes de adentro. Se separo de la puerta, lamentándose de aquellos llantos. Dio una leve disculpa en un breve silencio y se fue a su habitación.
Se encontraba sencilla. Un ropero en uno de los costados, una mesa de noche y una cama que arriba de esta se encontraba una ventana con vista al pueblo. Se alcanzaba a visualizar la casa desde aquel lugar.
Se sentó en la cama. Contemplándola. Se encontraba cerraba la ventana pero aun así sentía como una ventisca de aire le cruzaba la cara, haciendo que se estremeciera un poco. Se cruzo de brazos, tenia frio. Escuchaba algunos ruidos provenientes de la brisa, no podía descifrar lo que decía. En ese momento se empezaron a escuchar unos llantos, volteo hacia la puerta. Entrecerró los ojos, sabía que venían de con Sonic. Dio un último suspiro antes de recostarse.
Su corazón empezaba a latir rápidamente. Abrió los ojos. Se encontraba en la habitación, aunque no era la misma donde había dormido. En eso escucho unas risas, que fueron acompañadas de ruidos de un látigo. Se dirigió al lugar donde lo escuchaba. Saliendo de la habitación y caminando por el pasillo que se le presentaba enfrente hasta llegar a una puerta cerrada. Tomo el picaporte, pero lo soltó rápidamente… se movía. Dio unos pasos para atrás. Vio salir al mismo erizo que la vez pasada. Se hizo a un lado para que pasara.
Vio como se alejaba a paso lento. Se volvió hacia la puerta que ahora se encontraba entreabierta. Se dirigió a ella y la empezó a abrir, empujándola con una mano y asomándose. Era el mismo niño de la vez pasada, pero ahora… algo diferente sucedía.
Tenía marcas de sangre en la espalda. Toda su espalda se encontraba cubierta de sangre por las heridas. Se volvió a fijar que tenía sangre en su entrepierna como la vez pasada. Se abrazaba a sí mismo. Se extrañaba de que no llorara, no se movía, solamente… estaba inmóvil.
Se empezó a acercar lentamente a él. Pero en eso se detuvo. El silencio se rompió.
-tú me hiciste esto. Todo esto es por causa tuya. Me quitaste todo en la vida-empezaba a decir-me atrapaste en este maldito manicomio y me hiciste tu juguete sexual. Abusaste de mí y ahora por causa tuya…-se volvió a quedar en silesio. Vio como la oscuridad se lo devoraba. Expandiéndose a cada rincón de la habitación hasta quedar completamente a oscuras-estoy muerto-fue lo último que alcanzo a oír.
De las penumbras empezó a escuchar una voz que le era familiar… era la canción de la otra vez. Provenía de todos lados. Una voz suave, que en sus palabras se sentía el pesar de la persona. Sabía que la voz era del niño de hace un momento
La voz de detuvo. Al momento en que un grito le proseguía. Su cuerpo se estremeció drásticamente al escucharlo.
-¡¡!AYUDAAAAA….!!-
Pero la voz se apago de repente. Sabía que, quien quiera que hubiera gritado, lo habían callado de golpe. Paso un breve instante antes de que pudiera volver a escuchar algo. Otros gritos. Pero ahora eran diferentes, eran como de alguien… adulto. Su voz se escuchaba desesperaba. Suplicaba, pedía perdón, gritaba…
-¡¡NO, NO POR FAVOR, NO…!!!-
Escucho un ruido hueco, fuerte. Después unas risas y al final…nada. Todo había vuelto a quedar en silencio. En eso… la voz del niño se volvió a escuchar. Otra vez la canción, pero ahora… si la podía entender. La estaba escuchando…
…Ven ayúdame señor
Que no aguanto este dolor
Mátame de una vez
Que no quiero más sufrir
Con este maltrato cruel
Quiero ya descansar
En ese lecho de paz
Mátame ya por favor
Que este dolor
No lo aguanto más….
Veía como las sombras se empezaban a retirar. Dejando nuevamente a la vista la habitación. En el instante en que la canción se detuvo. El cuarto había cambiado. Ahora veía al niño parado. Se encontraba frente a una ventana que cubría la pared, pero esta se encontraba rota. Parecía como si estuviera viendo algo en el suelo. Se dio cuenta de que daba media sonría.
Se aproximo a él, lentamente a la ventana. Se asomo con cuidado, viendo lo que el niño veía. En eso escucho unas risas. Sus ojos se abrieron como platos al ver lo que veía. Escucho pasos tras de sí. Se dio media vuelta y…
Se despertó sobresaltado. Su corazón palpitaba rápidamente. Casi no podía respirar. Se sentó en la cama. Examinando su cuerpo, no tenia marca alguna. Se alegro al saber que todavía respiraba. No podía creer lo que había visto en su sueño: al parecer había sido él quien se cayó por la ventana, quedando muerto en el suelo rodeado por un charco de sangre.
-¿tuviste una pesadilla?-
Se volteo rápidamente. Soltando un grito de miedo.
Era Sonic el que se encontraba a un lado suyo con una lámpara en la mano.
-¿¡Sonic!?-
-escuche unos gritos que venían de aquí y vine a asegurarme que estuvieras bien. Te retorcías demasiado. ¿Qué soñabas?-se preguntaba. Estaba preocupado por él.
Se encontraba todavía sobresaltado. Se dirigió a la ventana, viendo la casa. Se le a figuraba ver a alguien desde la ventana rota. Alguien que, lo observaba desde su lugar. Parado, tranquilo, inmóvil, lo veía.
Escucho su nombre que hizo que se volviera hacia Sonic. Se le quedo viendo un instante, para luego decirle rápidamente.
-necesito que me lleves a aquella casa. Ya no lo soporto-algo en él lo controlo por un momento, no sabía si era valentía o curiosidad, o la necesidad de dejar de escuchar esos gritos cada noche que cerraba sus ojos.
Sonic no pudo decir nada más porque él ya se había levantado y estaba dispuesto a ir con o sin ayuda del azabache.
Se encontraban subiendo la colina. Shadow le había pedido a Sonic que le contara lo que sucedió en aquella casa hacia unos años.
-cada noche se escuchaban los gritos y suplicas de ayuda de un niño que habitaba en aquella, pero muy pocas personas se animaban al subir al peñasco. Todos tenían miedo de lo que les pudiera suceder, por lo que la mayoría de veces era solo por un simple reto por lo que iban. Contaban que, atreves de las ventanas, se podía ver a un sujeto empujando un látigo. Y, si te acercabas mas a esta, se escuchaban varios disparos como en señal de advertencia. Pero nadie se atrevía a pasar de esos límites. Paso un tiempo. Se decía que el niño que ya se había rendido ante la persona con la cual vivía, ya solo cantaba una melodía. Pero días después de eso se descubrió a un erizo muerto. Al parecer se había caído por la ventada de su casa-
-¿Qué le sucedió al niño?-
-se dice que desapareció o huyo del lugar antes de que aquello sucediera. Muchos comentan que fue por eso por lo que se mato el erizo, pero hasta el momento nadie lo sabe con claridad-
-pero si lo maltrataba de esa manera… porque le afecto tanto el que se hubiera escapado-
Se quedo unos instantes callada. Bajando la mirada.
-nadie lo sabe. La historia se ha cambiado tantas veces que pocas personas saben lo que realmente sufrió el niño. La mayoría cree que fue por eso, por la pérdida de su hijo. Aunque hasta el momento nunca se comprobó que realmente fueran parientes, ya que nunca se encontró alguna evidencia que lo demostrara-
Se detuvo en seco, dirigiendo la mirada hacia el azabache.
-¿estás seguro de querer entrar?-su voz se había hecho fría y seria ante aquella pregunta.
Se detuvo un momento. Avanzo un poco más que el cobalto. Ya pasaba de media noche y la casa se encontraba en una penumbra, iluminada solamente por algunos rayos de luna. Trago un poco de saliva al saber que dentro de poco estaría dentro de aquella casa destartalada. Se dirigió a el y asintió con la cabeza.
-bien. En tal caso aquí te dejare-se dio media vuelta para dejarlo, pero antes de despedirse pronuncio-te deseo suerte para que descubras la verdad-y se alejo.
Volteo a verlo, viendo como desaparecía mientras se adentraba mas entre la neblina del lugar. Se volvió hacia la casa. Llevaba una linterna en mano, que le habían proporcionado antes de la partida.
Camino lentamente hacia la entrada de la casa. Se paro frente a la puerta, viéndola atentamente. Creía que estaría cerrada pero, al momento de tocarla esta se abrió un poco. La empujo con la mano, abriéndola por completo. Tomo aire antes de pasar por el umbral.
Se notaba que hacía años que nadie entraba allí. El lugar estaba totalmente cubierto de polvo y telarañas. Las paredes se encontraban con grietas, algunas que llegaban del techo al suelo. El piso de madera resonaba en algunos casos, había tablones que sobresalían y otros quebrados a la mitad, dejando ver las púas de madera. Había un olor rancio que rondaba por el lugar, al parecer muchas de las tablas también se estaban pudriendo. Había esquinas donde el mo que se encontraba presente. El papel que había decorado aquella vivienda con su azul celeste, ahora se hallaba hecho rollo en algunas partes o roto por los años de antigüedad. Algunos muebles se encontraban rotos, sin relleno, polvoreados, malgastados. La cocina parecía estar en mejor estado que las otras estancias, exceptuando algunos platos que se encontraban rotos en el suelo.
Seguía caminando, iluminado únicamente por la luz de la lámpara. Recorría las habitaciones de la planta baja. Caminaba lento y tentaba con sus pasos el piso, por miedo de algún tablón roto. Se escucho un ruido, se detuvo en seco, volteo a ver y…sintió como su corazón palpitaba al ver que una de las ventanas de al fondo de un pasillo se había abierto. Se aproximo a esta. La miro un momento. Intento cerrarla pero no resultaba. Se había atascado con algo. En eso sintió como alguien pasaba atrás suyo. Se volteo rápidamente pero no había nadie. Paso la mirada por todos lados…efectivamente, no había nadie. Creyó que solamente había sido su mente.
Continúo con su camino, hasta llegar a donde se encontraban las escaleras. Vio que los pasamanos se encontraban despedazados, había algunos pedazos donde la madera se había caído por completo. Se estaba aterrando. Dio un paso para atrás, pero en ese momento… ruidos provenientes de la parte de arriba surgieron. Eran otra vez los sollozos que escuchaba en sus sueños. Trago saliva, dando un suspiro después de sí. Escalón por escalón, verificaba que estuviera estable para dar el paso y subirlo.
Llego hasta la 2da planta. Ahora todo era más tétrico. No había alguna ventana cerca donde pudiera entrar la luz. Los cuadros que anteriormente habían decorado aquel pasillo ahora se encontraban caídos, algunos rotos del cristal y la imagen, otros desgastados de la pintura.
Siguió caminando, avanzando por el largo del pasillo. Ante sus pasos se escuchaba el ruido de la madera crujir, acompañada por la respiración del habitante. Sujetaba la lámpara con las 2 manos, firmemente, temía que se le fuera a caer y perder en un momento repentino, ya que sus manos no dejaban de temblar.
Paso por varias habitaciones. Ninguna presentaba algo fuera de lo normal: solo una cama, un ropero y algunas mesas de noche. En algunas, los muebles se encontraban cubiertos por mantas ya polvoreadas por los años. Echaba la vista por los cuartos, buscando…algo, no sabía qué pero sabía que había algo por aquel lugar que tenía que descubrir.
-aquí-
Escucho una voz. Se volvió a repetir. Volteo hacia todos lados hasta toparse con una puerta cerrada. Hasta el momento había sido la primera que se encontraba cerrada. Se aproximo a ella. Tomo el picaporte, en el momento en que la voz se había callado. Lo giro. No se abrió, parecía que estaba cerrada. Soltó el picaporte. Veía inhóspito la puerta. Algo le decía que encontraría lo que buscaba en esa habitación.
Escucho un clic. La puerta se abrió. Sintió un escalofrió en aquel momento. Entro. Con una rápida mirada se dio cuenta que no tenía nada de peculiar, la única diferencia que alcanzaba a notar era que la cama era matrimonial. Se iba a dar la vuelta para salir pero en eso… Se abrieron de golpe las ventadas de la habitación. Provocando que se cerrara la puerta tras de sí. Se volvió, intento abrirla pero no podía al parecer se había atrancado por el golpe. Volvió a sentir a alguien tras suyo. Se quedo un momento quito, sintiendo un aire cálido en su nuca. Sabía que no podía ser de la ventisca. Con cuidado se dio la vuelta, al momento, sentía como la persona se retiraba un poco de él.
Grito. Dio unos pasos hacia atrás, tropezándose y cayendo sentado contra la puerta. Sacudió fuertemente la cabeza. Se froto los ojos. Había desaparecido aquella mirada de ojos penetrantes. Rojos como la sangre, aquellos ojos que había mirado. Volvió a sentir un revuelo en su corazón. Aquellos ojos que únicamente había visto en sus pesadillas. Oculto su rostro entre sus manos, necesitaba relajarse. Las ventanas seguían abiertas; quería creer que solamente había sido un tipo de espejismo, aunque sabía que todo aquello era real.
Se estremeció un poco al sentir que algo se posaba entre sus piernas. Levanto rápidamente la mirada. Una… una hoja. La miro dudoso. Era una antigua hoja de periódico. La agarro y le dio la vuelta. Se sorprendió ante la foto que aparecía allí.
Era el mismo erizo. El mismo erizo de sus sueños. El que atormentaba a aquel pobre niño.
Leyó la noticia que se presentaba bajo la imagen y fue cuando lo supo. Aquel erizo era precisamente su bisabuelo. Ya que en la imagen no solo se presentaba él, sino una eriza roja a su lado y entre sus manos a un erizo negro que acababa de nacer: su abuelo.
“se anuncia el nacimiento de un nuevo ser. Hijo del propietario de varias franquicias de la ciudad, Mephiles…” era la portada del periódico.
<<-en tal caso-pensaba-que tiene que ver esto con el niño de mi sueños>>. Otra duda surgía al ver con determinación la imagen. No se encontraban en aquella casa. La foto había sido tomada a las afueras de la ciudad hacia unos 150 años. Se notaba en la estructura de la casa. No sabía todavía que tenía que ver eso con todo aquello.
Un ruido se escucho. Levanto la mirada. El cajón de la mesa de noche se había caído. Vio con asombro como algunas hojas salían de este y empezaban a volar en círculo arriba de la cama. Las ventanas se volvieron a cerrar de golpe. Las hojas cayeron inmediatamente en la colcha. Se levanto lentamente, colocando una de sus manos en la puerta para levantarse sin despegar su vista de las hojas. Se aproximo, viendo lo que decían.
“varios niños desaparecen en la ciudad…”
“la delincuencia de robo y venta de menores va en aumento…”
“5 reportes de niños desaparecidos…”
“policías buscan pistas de posibles criminales…”
Todos los trozos de periódicos iban para el mismo tema. No sabía que tenía que ver todo eso con los misterios de la casa. Se fijo en las fechas todas relacionadas por la misma época. Paso una tras otra página. Dejando las que ya había visto debajo de las otras. Abrió los ojos de sorpresa al leer el último artículo. No se relacionaba nada con las primeras, incluso el nombre del periódico cambiaba. Se dio cuenta que aquel artículo era proveniente del pueblo. Pero lo que le había sorprendido era que se refería a la casona y a la muerte de su bisabuelo.
“se encuentra erizo muerto en las afueras de la antigua casa, reconocido como Mephiles the Dark. Se cree que fue por su propia mano su muerte a la pena de su hijo desaparecido…” debajo del articulo había otro referente “no se ha encontrado pista del supuesto niño con el que habitaba”
La noticia lo había dejado sin aliento. Un escalofrió recorrió su cuerpo l ver la imagen de Mephiles muerto: tirado en el suelo, con los ojos sin vida y un charco de sangre que lo rodeaba. Exactamente como se había visto el mismo en el sueño. Luego comprendió, tal vez no había sido él quien había visto muerto si no había visto la muerte de su bisabuelo. En tal caso… el niño que se encontraba viendo la escena…había sido el culpable de todas aquellas muertes, o aunque fuera solo la de su bisabuelo. Se lo preguntaba. Estaba claro que lo había hecho por venganza. Vengarse de todo aquel maltrato que Mephiles le había proporcionado. Pero… que le había ocurrido al niño al final de cuentas; y todavía lo que más le angustiaba era, que relación tenia él con Mephiles.
En ese momento la luz de su linterna dejo de funcionar. Se había quedado totalmente a oscuras. Soltó las hojas, intentando hacer que su linterna le funcionara, pero era inútil. Las ventanas se volvieron a abrir de golpe. Se llevo las manos a la cara, para protegerse del fuerte viento que entraba. Se volteo rápidamente… había vuelto a sentir que alguien se encontraba atrás suyo.
-ven-se volvió a escuchar esa voz de un principio.
La puerta se abrió de golpe, dejando oír unos sollozos prevenientes de afuera. Vio una luz que provenía del pasillo. Salió de la habitación, siguiendo ese resplandor sin procedencia, dejando atrás la habitación. A su paso escuchaba suavemente los susurros de un niño, como si estuviera rezando o hablando con alguien. Creía reconocerlos.
Vio como el resplandor desaparecía tras la última puerta del pasillo. Tomo decidido el picaporte, le dio la vuelta y… se detuvo. Se escuchaban más claramente los sonidos. Ruidos de un látigo golpeando un cuerpo solido, los llantos del pequeño y sus suplicas. Los gritos. Los sollozos. Los golpes… abrió rápidamente la puerta.
No había nadie. Los ruidos cesaron en el momento exacto en que había abierto la puerta. Paso la vista por toda la habitación. Sintió como si su corazón se subiera hasta su garganta y no lo dejara respirar. Se encontraba en la misma habitación con la cual había estado soñando cada noche. El cristal que hacía de pared se encontraba roto. Haba algunos pedazos sueltos en el suelo.
En el centro de la habitación se encontraba un baúl, cuya tapa tenía arriba una vela encendida. Seguramente de donde había provenido el resplandor. Se movía, estaba seguro. Se aproximo a este con cuidado.
Se aproximo a este. Se arrodillo, quedando frete a frete junto al baúl. Seguía moviéndose. En cuanto retiro el candelabro de la tapase inmovilizo. Se quedo un momento quieto esperando algún otro movimiento de parte del objeto, pero nada ocurrió. Ya solo se oían los sonidos de su respiración por todo el lugar. Se percato que no tenía candado alguno. Coloco sus manos en ambos extremos de la tapa y, la abrió.
Ruidos agudos inundaron el lugar. Varias sombras salían del cajón estrellándose contra su cara y causándole algunas heridas. Se cubrió con los brazos como pudo. Las mangas de su prenda se estaban destrozando. Paso un momento antes de que todo volviera a quedar en silencio. Se descubrió con los brazos, intentando recuperar el aliento del susto. Alzo la mirada viendo como varios murciélagos se iban del lugar.
Se asomo con precaución al fondo del baúl. Saco lo que había en este. Sujetándolo del mando cubierto por cinta aislante y que de uno de los extremos salían 7 cuerdas del mismo color, alargadas y de hule. Supo de inmediato que se trataba del látigo con el que habían atormentado a la criatura. Le dio un revoltijo al estomago al pasar sus dedos por lo largo de las cuerdas de huele. Sus ojos se habían vuelto cristalinos al solo pensar en el dolor que aquello le pudo ocasionar a un ser. A un lado se encontraba unas imágenes y junto a este un retrato roto.
Dejo de lado el látigo, cogiendo a su vez el portarretratos. La imagen se encontraba cubierta de polvo y un par de telarañas en una de las esquinas. Pasó su mano por uno de los extremos y creyó reconocer a la persona que se presentaba allí. En efecto…. Era la misma que había visto en la casa de Sonic. Se encontraba él y su madre, pero esta parecía ser diferente. Notaba el rostro de angustia de parte de Sonic, y un tipo de felicidad recuperada de su madre. El erizo que se encontraba a un lado de ellos no era el mismo de la foto original. Todavía no había limpiado la imagen totalmente, pero lo sabía porque el brazo que se encontraba posado en el hombro de Sonic no era igual al de la foto donde aparecía su padre.
Paso nuevamente la mano, ahora del otro lado… sintió como su corazón se quería salir de su pecho. Varias imágenes se presentaban frente a él.
Se encontraba Sonic, llorando en el reboso de su madre. Frente a ellos había una lapida. Sabía que era por la muerte de su padre. Atrás de ella se encontraba Mephiles que miraba tristemente a la madre de Sonic.
Ahora se encontraban en la casa. La misma donde lo había alojado Sonic en la tarde. En el centro de la mesa se encontraba un pequeño pastel. Solo estaba él y su madre. En eso se escucho que tocaban la puerta. Y tras esta aprecio nuevamente su bisabuelo que abrazaba con cariño a la madre de Sonic mientras este solo lo miraba con algo de miedo.
La casa parecía nueva en aquella época. De la puerta entraron Mephiles y la madre de Sonic, quien traía sujeto a su criatura de la mano. Acababan de casarse, lo notaba por el vestido blanco y el esmoquin que traían puestos.
Gritos y culpas salían de una habitación. Escuchaba con determinación lo que decían. La madre había descubierto que Mephiles la engañaba, y si no fuera suficiente, el muy canalla lo afirmaba. Le dio una oportunidad para que ella ignorara aquello, pero se negó… lo último que alcanzo a escuchar fue un disparo.
Veía a Sonic. Se encontraba en una esquina de la habitación donde se encontraba el ventanal. Asustado, temblando; tenía su cabeza oculta entre sus rodillas y a estas las abrazaba fuertemente. Entonces escucho un ruido fuerte. Alguien había entrado a la habitación, dejando que la puerta se golpeara contra el muro.
-será mejor que seas obediente conmigo y no te pongas terco como tu madre. No me deshice de ti como a los niños que mi gente atrapa solo porque tengo la confianza de que serás mas obediente-
La voz prevenía de su bisabuelo, que se acercaba peligroso al pequeño. Vio con miedo como lo sujetaba de las manos, haciendo que lo viera a los ojos.
-será mejor que esta vez te comportes si no quieres que te vuelva a castigar-al momento de decirlo vio como se sacaba del cinturón el látigo que había visto en el baúl.
Después de eso… solamente pudo desviar la mirada al ver con tristeza como desnudaba a Sonic y se bajaba el pantalón, para después oír los desgarradores gritos del pequeño al ser penetrado, pidiendo que se detuviera… pidiendo ayuda.
Los ruidos le invadían el alma, ya solo quería hacer que todo eso se detuviera. Ahora entendía de donde había sacando tanta riqueza sus antepasados y de que lo quería salvar su padre. No podía creer que sus genes, la sangre que llevaba en las venas tuvieran que ver con aquel salvajismo que presenciaba.
Cerró los ojos fuertemente. Los ruidos se tranquilizaban, habían sido cambiados por la canción. Los abrió, veía a Sonic que se encontraba en la esquina; sin nada de ropa y sangre que emanaba de su entrepierna. Se encontraba inmóvil, llorando. Ya no hacia esfuerzo alguno por pedir rescate.
Corría. Había por fin escapado de la casa. Alguien lo perseguía. Se giro al otro lado. Mephiles lo seguía muy cerca, se encontraba enojado y llevaba con él una pistola. Esquivaba a los tiros que el erizo mayor daba, ocultándose entre los árboles y yerba, pero en eso se detuvo en seco… un lago se presentaba frente a él. Cuando se dio la vuelta para rodearlo, ya era demasiado tarde. Lo había atrapado, sujetándolo fuertemente del brazo. Intentaba soltarse, pero era inútil, aquel erizo tenía más fuerza que él. Lo empezó a atraer hacia él, pero se resistía con lo que podía. En ese instante lo soltó… perdido el equilibrio, cayendo hacia las profundidades del lago. Algunas burbujas sobresalían de este, para luego reventarse. Mephiles solo estaba a la orilla del rio. Observando. Alzo su brazo con el arma y apretó el gatillo. Las burbujas cesaron al instante, junto con unas manchas de sangre que empezaron a pintar el lago.
-eso le enseñara-fue lo último que pronuncio para luego retirarse del lugar.
Se volvía a encontrar en la habitación. La escena ahora era diferente. El cristal se había roto, Sonic se encontraba parado frente a este mirando hacia abajo. Viendo a la persona que apenas se lograba sujetar con una mano del borde del marco. Su cara se miraba seria, los ojos los traía perdidos, no sentía compasión por aquella persona que había sido su tío alguna vez para luego haber sido su padrastro.
Los gritos de Mephiles retumbaban en todo el lugar.
-púdrete en el infierno-fue lo último que dijo.
Contemplo como sus ojos se volvían totalmente rojos y daba una sonrisa lunática para al final soltar un grito desesperado que no tardo mucho para ser acompañado por el erizo que ahora caía y que luego fue silenciado por la tierra. Con horror vio como dirigía la mirada hacia él. Quiso soltar un grito de miedo al ver el lugar exacto donde le había caído la bala: su ojo derecho. Lo tenía totalmente ensangrentado, mientras que el otro se empezaba a hacer totalmente rojo. Aproximándose lentamente. Aquellos ojos… habían sido los mismos con los que había soñado todo el tiempo, aquellos que lo atormentaban cada noche. La sangre, la venganza, el dolor… todo aquello había provocado aquella venganza.
-es tu turno de sufrir-aquellas palabras resonaron en todo el lugar.
En cuanto su mente volvió en sí, soltó rápidamente la foto, aventándola lejos de él. Retrocedió un poco. Su corazón no dejaba de latir. Respiraba por la boca. Todo aquello lo había dejado en un estado de shock.
En ese momento sintió un viento helado recorrerle la espalda. Se volvió rápidamente, viendo aterrorizado al erizo que se presentaba frente a él. Al momento en que daba un paso, el retrocedía unos centímetros, impulsándose con las palmas y los pies. El sujeto iba cambiando su apariencia, parecía que se iba encogiendo a medida que avanzaba.
Ya no tenía escapatoria. Había llegado hasta el borde del suelo.
-ya no tienes escapatoria Shadow-
Sonic se había detenido frente a él. Su apariencia ahora presentaba la de un niño de 6 años de edad. Su cara se mostraba sombría, su mirada no tenia vida. No tenía palabras. Se encontraba rodeado, sin escapatoria.
-sabes… me recuerdas a tu bisabuelo. Comparten muchos rasgos idénticos… salvo la mirada. Me acuerdo de su mirada antes de caer por la ventana… la misma mirada que yo tenía al solo escuchar sus pasos, la misma mirada con la que yo morí ahogado-
-Sonic escucha… ya vi por lo que pasaste. Yo… yo no tenía idea de ese lado de mi familia. Lamento mucho lo que te hicieron-
-lo lamentas-repitió. Se quedo un momento callado como si estuviera analizando la palabra-lo lamentas… con solo lamentarlo no resolverás nada. Lo sé. Lo viví-se volvió a quedar callado, ahora estaba recordando algo. Lo volvió a encontrar con la mirada para luego continuar-toda la gente del pueblo se lamentaba de mí, pero nadie había sido capaz de venir en mi ayuda. Todos tenían miedo. Nadie nunca vino a buscarme. Se cubrían sus oídos a cada llanto de suplica y dolor que les imploraba…pero se lamentaban… hasta después de mi muerte se atrevieron a entrar a la casa. Muchos de ellos vinieron solo a ver lo que había ocurrido, pero nunca nadie vino a mi ayuda-se quedo un momento callado viendo con desprecio la cara de su víctima que lo miraba todavía con horror-les brinde una muerte al igual que la mía… asfixiados. Tal como yo había muerto ahogado. Pero no te preocupes que tu…morirás mejor-sus ojos se empezaron a volver rojos como la sangre. Resaltaban en aquella oscuridad que los invadía a ambos. Y una risa tétrica surgió de aquel ser.
Se quedo sin palabras ante aquello. Sintió como la sangre se le había enfriado ante aquellas palabras. Su corazón salía de su pecho. Se volvió, mirando el abismo que se presentaba ante él… grave error. Cuando regreso la mirada…lo último que alcanzo a ver fueron aquellos inyectados de sangre.
Lo último que se alcanzo a oír fue el grito desgarrador de un erizo bicolor.
Una semana después. En los periódicos de la ciudad se documentaba la noticia de la repentina muerte del último hijo de una de las familiar más reconocidas de la ciudad “Shadow the hedgehog se ha encontrado muerto en el interior de una de las casas más antiguas del pueblo desolado. La investigación indica que murió desangrado ya que, el supuesto asesino arranco sin piedad alguna el ojo derecho de la víctima y como si fuera poco, con la misma sangre de este escribió en el cristal: ojo por ojo, diente por diente. Mi venganza ah terminado…”
Fin…
“almas que no descansan hasta terminar con alguna venganza. Almas que se llevan el dolor, el coraje a la tumba y que no perdonan a personas que pudieron o no tener que ver en su muerte. Aquellas almas no descansaran hasta terminar con sus pendientes. Y otras que es mejor dejar en paz… no te metas con ningún espíritu. No te guardes corajes ni sufrimientos. Piensa en tu vida y deja que fluya como el viento; ya que el final es mejor descansar en paz y en plena tranquilidad que mil vidas de pura maldad”